lunes, 4 de marzo de 2013

A Teresa de Jesùs...

Mujer de inteligencia peregrina
y corazón sublime de cristiana,
fue más divina cuanto más humana
y más humana cuanto más divina.

Hasta el impío ante tu fe se inclina
y adora la grandeza soberana
de la egregia doctora castellana,
de la santa mujer y la heroína.

¡Oh mujer! Te dará la humana historia
la gloria que por sabia merecieres;
mas con el mundo acabará esa gloria,
que por ser terrenal no es sempiterna.
¡Tú, Teresa de Ahumada, al cabo mueres!
¡Teresa de Jesús, tú eres eterna.


Jose Maria Gabriel y Galán

sábado, 2 de marzo de 2013

Un ideal...

Teresa no tiene otro ideal ante sus ojos más que “salvar” y conducir a Cristo a toda persona humana, La unidad de la Iglesia es una preocupación central.

Toda la obra de Teresa atestigua que el hombre es capaz de alcanzar la verdad. No somos ciegos que tantean y divagan en el vacío. En el interior se encuentra uno con la verdad y la belleza y el amor de Dios. Toda la Iglesia está invitada a sumergirse para saltar luego hacia Dios en un movimiento recíproco. Hay que convencerse que las estadísticas, los medios poderosos y las seguridades, no tienen la fuerza de una persona encendida en el amor de Dios...

Cristina Kaufmann

El Papa Pío IV

El Papa Pío IV fue quien otorgara el breve de fundación del convento de San José de Ávila a Santa Teresa .

Pero, quien fue este hombre que gobernó la Iglesia de 1559 a 1565?

Su nombre secular fue Giovanni Angelo Médici di Marignano; nació en Milán (1499) y murió en Roma (1565). Era hijo de Bernardino Médici y Cecilia Serbelloni, de origen humilde y escasa fortuna, sin relación alguna con el apellido Médicis de Florencia. Comenzó la carrera militar en Pavía y la terminó en Bolonia,granjeándose una sólida reputación de jurista y filósofo. Abrazó la carrera eclesiástica y la terminó a los 28 años. En 1527 llegó a Roma y Clemente VII le nombró protonotario y Paulo III le confirmó en el mismo oficio y después le nombró gobernador de Ascoli Citta-di-Castello. Realizó luego diversas misiones para este papa y fue nombrado sucesivamente gobernador de Ancona, arzobispo de Ragusa, gobernador de Perusa y cardenal presbítero con el título de santa Prudenciana, en 1549. Sus relaciones con Paulo IV no fueron amistosas, eligiendo el cardenal Médici un destierro voluntario, que endulzó con ocupaciones literarias y obras de caridad. A la muerte de Paulo IV, ascendió al solio pontificio, en 1559. Fue un hombre de dulce carácter, que contribuyó a la reforma católica sin emplear la severidad de su predecesor Paulo IV. Aunque practicó el nepotismo al igual que los anteriores pontífices, ello influyó positivamente en la Iglesia, al menos en el caso del nombramiento como cardenal a San Carlos Borromeo, que contribuyó en el triunfo del Concilio de Trento y llevó a cabo trascendentales empresas en favor del cristianismo. Realizó varias obras trascendentales en la ciudad eterna, fundando el seminario romano y embelleciendo la ciudad con suntuosos edificios, como el Convento de la Cartuja, la iglesia de Santa María de los Ángeles, el palacio de los Conservatorios en el Capitolio, la oficina de impresiones en el Vaticano, la Puerta Pía, obra de Miguel Ángel, la Angélica, en conmemoración de su nombre de pila, Ángel; abrió nuevas calles, edificó el Borgo Pío, restauró Villa Julia, continuó la obra de construcción de la iglesia del Vaticano, etc. En muchas de estas obras empleó a Miguel Ángel, a quien remuneró, honró y estimuló cuanto pudo. En política exterior tomó medidas contra Solimán, uniendo su armada a la de Felipe II, gastando en esta guerra grandes sumas. En 1565, pocos meses antes de su muerte se descubrió un atentado contra su vida. Después de librarse, cayó enfermo de una fiebre y murió en diciembre de 1565, tras un pontificado de casi seis años. Fue enterrado en la basílica de San Pedro, y sus restos fueron trasladados en 1583 a la iglesia de Santa María de los Ángeles. Le sucedió Pío V.

Fuente: www.mcnbiografias.com

martes, 26 de febrero de 2013

Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.
Vea quién quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere,
veré mil jardines,
flor de serafines;
Jesús Nazareno,
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Santa Teresa de Jesús

"Santa Teresa, profeta ante la crisis, de la reforma personal a la reforma de los conventos"

Vivimos en un mundo en crisis y de multiples cambios, tratemos por un segundo imaginar como debieron vivir los habitantes del siglo XVI su propia convulsionada época. Este siglo de oro permitió el florecimiento de la mística española con San Ignacio, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Sin embargo, este esplendor estaba manchado de sangre: la sangre de los indígenas americanos y los esclavos negros por un lado, y la sangre de los encarcelados por la Inquisición y por la expulsión de los moriscos, por otra.

La Iglesia necesitaba ciertamente una reforma. En España, sin embargo, los reformadores eligen hacerlo desde el interior de la Iglesia a pesar de la tentación de ésta de situarlos fuera. Santa Teresa de Jesús brilla con fuerza en este contexto.

Santa Teresa desde joven, como otros de su tiempo, vive con preocupación las noticias de los conflictos de religión que llegan desde el centro de Europa y en concreto desde París con la irrupción de los Hugonotes. Sin embargo, durante la época en que la Iglesia decide tomar la iniciativa para reformarse a través del Concilio de Trento, Teresa tiene 30 años y vive centrada en sí misma, angustiada por su propia crisis personal. Mientras no resuelva ésta, mientras no salga del túnel interior de su alma, no podrá plantearse la reforma de los conventos. Su vida partirá pues de una reforma interior que irá desplegándose hasta llegar a ser una reforma exterior que afectará a toda la Iglesia.

Esta primera crisis, la vive ella en el interior del convento siendo ya monja carmelita. No entró con ilusión sino con resignación, con voluntad de soportar unos sacrificios menores que los de un purgatorio estricto que se merecería si siguiera otro tipo de vida.

Su “conversión” no es pues una conversión hacia el cristianismo viniendo de fuera, sino una con-versión (un volverse hacia) desde dentro hacia la profundidad. Ella tiene que superar obstáculos como la prohibición de leer ciertos libros en lengua vernácula. En ese momento ella recibe la fuerza de Jesús que le dice: “No temas, yo seré para ti un libro vivo”.

Asentada en la roca de la superación de esta crisis, tiene fuerzas para enfrentarse con la reforma de los conventos carmelitanos fundando uno nuevo donde se destierra la diferencia de clase entre las monjas, y donde la búsqueda de una oración profunda, personal y unitiva no cae en la tendencia “quietista”, es decir, en aquella tendencia y tentación de alejarse del mundo, de los problemas, y del hermano necesitado, con la excusa de la búsqueda de silencio. Ella, en cambio, ayudada por buenos confesores jesuitas, descubre la humanidad de Cristo y cómo ésta se encuentra en los más pobres.

Santa Teresa es una mujer fuerte capaz de resistir terremotos. Por eso pudo soportar la doble suspicacia que producía: por ser mujer y por ser mística.

Con su lenguaje popular de la época (que por eso es más difícil de leer que el culto y cuidado lenguaje de San Juan de la Cruz) escribe este texto de fina queja femenina ante el trato recibido por los clérigos, todos hombres:
 

“(…) [a las mujeres] las favorecisteis [Señor] con mucha piedad, y hallasteis en ellas tanto o más amor que en los hombres, pues estaba vuestra sacratísima Madre en cuyos méritos merecemos lo que desmerecimos por nuestras culpas… ¿No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas, que no hagamos cosa que valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa? No lo creo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez y no como los jueces del mundo que, como son hijos de Adán, y en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. Sí, alguna día ha de haber que se conozcan todos… no hablo por mí pero veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”.

Viqui Molins

Procesión en Ávila

Una procesión rememoró en Ávila distintos momentos de la Pasión de Cristo desde la mirada de Santa Teresa de Jesús

Las puertas de la iglesia de la Santa se abrieron para vivir un momento muy especial, el inicio de la procesión que llevó por las calles de Ávila al grupo escultórico formado por las imágenes de Santa Teresa y el Cristo Atado a la Columna.

Hace tiempo que muchos corazones esperaban vivir este momento y los Carmelitas Descalzos del convento de la Santa consiguieron que fuera una realidad en una procesión que además tuvo como uno de los puntos claves las meditaciones teresianas que se hicieron en cinco paradas del recorrido.

La primera fue en el interior de la iglesia, justo antes de comenzar la procesión, y trató sobre la costumbre teresiana de meditar en la Pasión de Cristo. Al resguardo del templo, en una fría tarde, se pudieron escuchar las palabras de meditación que nacen de la propia Santa Teresa y que se que hicieron junto a las imágenes que después tenían que salir en procesión.

En lo más hondo de la meditación que nace de nuestra Santa comenzó ese recorrido en el que además participaron 22 anderos de la Cofradía del Santísimo Cristo de los Afligidos y Nuestra Señora de la Paz para llevar las imágenes que tuvieron que salir a pulso por la puerta del templo debido a la altura del montaje. Una vez fuera se pudieron escuchar los primeros compases de la música de los casi 80 músicos de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo a la Columna ‘El Amarrado’, que acompañaron el desfile procesional.

Aunque lo cierto es que a las puertas de la Santa no esperaba tanta gente como se puede ver en algunas procesiones de Semana Santa, sí que fueron muchos los que se pararon a lo largo del recorrido para contemplar el paso de las imágenes, no en vano era la primera vez en la historia que caminaban juntas en procesión y permitían la posibilidad de contemplar el conjunto tal y como fue concebido por Gregorio Fernández, con la copia que se exhibe en el Museo de Santa Teresa.

En el camino no faltaron junto a los carmelitas, el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, que precisamente este sábado cumplía diez años desde que se convirtió en el primer sacerdote de nuestra diócesis, junto con los concejales Héctor Palencia y Pino Gómez.

Todos ellos formaron parte de una procesión cuya peculiaridad estaba precisamente en los cinco momentos meditativos que desde los escritos de la propia Santa pudieron ser seguidos por los fieles. Cada uno de ellos estuvieron acompañados de una breve meditación a cargo de varios religiosos carmelitas o del propio obispo.

Estas ‘paradas’ se hicieron para reflexionar sobre la costumbre teresiana de meditar, la Oración en el Huerto, ante Cristo atado a la columna, Cristo en la soledad y abandono de la Pasión y la meditación de la resurrección de Cristo, todo ello durante el recorrido de un desfile que recorrió Madre Soledad, Corral de las Campanas, iglesia de San Juan (donde fue bautizada la Santa), Caballeros, Reyes Católicos, Alemania, Catedral, Cruz Vieja, Don Gerónimo, plaza teniente Arévalo y llegada a San Ignacio para volver por Cardenal Pla y Deniel, plaza del Rastro, Corral de las Campanas y Madre Soledad hasta La Santa, donde estaba prevista la celebración de una eucaristía, seguida del concierto de Canto Gregoriano a cargo del Coro de Canto Gregoriano de La Santa.

Fuente: www.diariodeavila.es

sábado, 23 de febrero de 2013

¡Qué grande, única y humana, que atrayente es esta figura!


¡Qué grande, única y humana, que atrayente es esta figura!

"Una madre llena de encantadora sencillez, una maestra llena de admirable profundidad"...

Santa Teresa se presenta ante nosotros como una mujer excepcional, como a una religiosa que, envuelta toda ella de humildad, de penitencia y de sencillez, irradia en torno a sí la llama de la vitalidad humana y de su dinámica espiritualidad; la vemos, además, como reformadora y fundadora de una histórica e insigne Orden religiosa, como escritora genial y fecunda, como maestra de vida espiritual, como contemplativa incomparable e incansable alma activa. ¡Qué grande, única y humana, que atrayente es esta figura!.

Pablo VI